¿Por qué podemos encontrar planetas a años luz de distancia y no el planeta nueve en el Sistema Solar?

Los lectores habituales del blog recordaréis que hace unos días os comentábamos que no solo podría haber un noveno planeta en el Sistema Solar, sino que hasta incluso un décimo. Con esto surge una pregunta: ¿cómo es posible que podamos encontrar planetas a miles de años luz de distancia pero no dos dentro del mismo sistema planetario?

Los planetas fuera del Sistema Solar -también llamados exoplanetas- son relativamente fáciles de encontrar porque podemos ver los efectos de su órbita en la estrella: el modo más famoso es el método de tránsito, en que, desde nuestra posición, podemos detectar un planeta cuando se cruza delante de su estrella, puesto que recibimos menos luz de esta.

Esquema del método de tránsito

Midiendo tres de estas caídas de luz, podemos calcular la masa y la órbita del planeta. Sin embargo, este no es un modo de detectar todos los planetas, solo aquellos que orbitan a una estrella.

Otro método es la velocidad radial; esto se hace observando un pequeño tirón gravitacional que un planeta ejerce sobre su estrella. Para los planetas más pequeños y alejados es realmente difícil, pero para grandes planetas y con órbitas más cercanas -los llamados Júpiter calientes-, es realmente útil.

Después está el microlente gravitacional, donde podemos observar si una estrella más distante está “aumentada” de tamaño por la gravedad de una estrella cercana; si hay un planeta en órbita, a veces podemos ver una pequeña desviación de la luz de la estrella más lejana. Este método es la única manera por la que somos capaces de encontrar planetas salvajes, los errantes, que no tienen ninguna estrella, haciendo notar sus efectos gravitacionales a medida que pasan por delante de otras estrellas.

Sin embargo, en nuestro propio Sistema Solar, las cosas son más complejas. En realidad no podemos utilizar ninguno de estos métodos para ver si hay un noveno o décimo planeta, excepto quizá la microlente, porque no pasan cerca del Sol en relación con nuestra posición.

La existencia de estos dos planetas se sospechan por el movimiento de los objetos en el Sistema Solar exterior: el cinturón de Kuiper (KBO). Podemos ver que las órbitas de los objetos del KBO se “deforman” o se mueven, lo que sugiere que hay un cuerpo que modifica gravitacionalmente su posición.

El décimo planeta se cree que está más allá de la órbita de Neptuno, unas 60 veces la distancia de la Tierra y el Sol (una Unidad Astronómica, UA), y que mide más o menos lo mismo que la Tierra o Marte. Se cree que existe por las deformaciones de los objetos del KBO. El noveno planeta, por su parte, se cree que está más lejos, entre unos 500 y 700 UA, y teniendo la mitad de la masa de Neptuno.

Órbita supuesta del noveno planeta

Si bien podemos suponer los efectos de estos planetas, su búsqueda se hace más complicada: no podemos utilizar el método de tránsito, ya que no cruzan el Sol ni otras estrellas, y no podemos utilizar la velocidad radial, puesto que no tiene ningún efecto en el Sol.

Así que nuestras mejores apuestas son o la microlente, esperando que pasen por delante de una estrella distante y deformen su luz, o la imagen directa. Este último es, como su nombre indica, ver la luz reflejada por los planetas en imágenes reales.

Para esto último, los expertos tienen que analizar todo el cielo, basándose donde se cree que pueden estar ambos planetas. En estos momentos, y para conseguirlo, los científicos están buscando pistas que puedan situarles.

El hecho de que se confirme la existencia de estos dos planetas abre la puerta a que puedan ser descubiertos otros muchos más. Sin embargo, su búsqueda será harto complicada.

Fuente IFLScience

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