Los sapos “psicodélicos”; ¿realmente afectan al cerebro?

Todos hemos visto el capítulo de Los Simpson donde Homer, recluido en una isla haciendo de misionero para huir de la televisión pública, lame sapos para “colocarse”. ¿Realmente funciona? La respuesta corta es que sí; por ejemplo, la especie del Bufo es conocida por tener una mucosa psicoactiva. ¿Pero producen modificaciones en el cerebro?

Investigaciones anteriores han demostrado que una infusión alucinógena de un sapo del Amazonas llamada ayahuasca es un tratamiento eficaz para la depresión, la adicción y el trastorno de estrés postraumático, por lo que un grupo de investigadores ha decidido investigar cómo los psicodélicos de los sapos afectan al cerebro para producir estos, aparentes, efectos curativos.

Para ello, cultivaron células madre embrionarias humanas durante 45 con el fin de producir “pequeños cerebros”. Estos fueron tratados con un potente alucinógeno llamado 5-metoxi-N, N-dimetiltriptamina, que es secretado por el sapo Incilius alvarius, conocido como el sapo del río Colorado.

La dosificación de esta sustancia alteró la expresión de 934 proteínas diferentes, lo que produjo una respuesta antiinflamatoria mejorada y estimuló el desarrollo neuronal. Un grupo de proteínas conocidas como plexinas, por ejemplo, aumentaron de número, ayudando a formar la sinapsis y creando nuevos brazos de conexión entre las neuronas, conocidas como dendritas.

La sustancia del sapo también impulsó las proteínas integrinas, que se ven a menudo estimuladas por los pacientes que responden positivamente a los antidepresivos. Esto podría explicar por qué la psicoterapia asistida parece ser eficaz en el tratamiento de la depresión.

También, se modificó la producción de la proteína mGluR5, que en estudios previos se ha demostrado que, en los ratones que se les modifica genéticamente para carecer de esta proteína, tienen una tendencia a la adicción del alcohol, la cocaína y la nicotina.

Otra proteína más, la srGAP, y que ayuda a la plasticidad del cerebro -la flexibilidad y su capacidad de formar vías neuronales, que mejora la función cognitiva, el aprendizaje y la memoria- también aumentó.

Vale la pena señalar que los cerebros desarrollados en el laboratorio no son, ni de lejos, tan complejos como los nuestros. Así que mientras estos resultados proporcionan algunas ideas fascinantes sobre los efectos de los psicodélicos y de sus posibles usos como métodos terapéuticos, se necesita mucha más investigación para determinar el impacto de estos fármacos en el cerebro.

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