Los vulcanólogos son unos seres despiadados: todos desean ver la erupción de un súper volcán simplemente para ver (y disfrutar, seamos sinceros) de los efectos que cambiarían el mundo en tiempo real.

Dejando bromas aparte, lo único que pueden hacer los expertos de los volcanes para imaginar como sería uno a megaescala es echar un vistazo al pasado, y posiblemente el favorito de todos sea el volcán Toba, de Indonesia, cuando hizo la erupción más poderosa de la historia hace 73.000 años, sumiendo al mundo en la oscuridad más absoluta. Aunque conozcan los efectos, se desconoce qué fue lo que provocó este hecho.

Hasta ahora, ya que científicos de la Universidad de Uppsala han utilizado un ingenioso método para saber por qué esta erupción fue tan catastrófica.

Al observar las capas de composición de antiguos cristales magmáticos, el equipo fue capaz de averiguar que el magma saliente del volcán de Toba era tan caliente que hizo derretir parte del entorno rocoso.

El magma derritió gran parte de su propia cámara de magma, que es como si contienes un ácido tan fuerte en un recipiente que acaba deshaciendo el propio contenedor. Al asimilar tanta roca rica en agua en el magma original, la masa fundida generó una gran cantidad de gas adicional. Así que el petardazo fue bastante curioso.

Cuando el volcán explotó, produjo un cráter de 100 kilómetros de largo y 2.800 kilómetros cúbicos de escombros volcánicos. En cuestión de días, toda Asia del Sur fue tapada con una espesa capa de ceniza, de unos 15 centímetros de profundidad.

Según informa Scientific Reports, un equipo científico de Suecia fueron capaces de “ver en el pasado” y trabajar y reconstruir los hechos trabajando con las capas de los cristales formados dentro de la cámara de magma que estaba debajo de Toba hace miles de años.

Cuando los cristales se forman dentro del magma, las moléculas se mueven rápidamente gracias a la alta temperatura, la presión y las composiciones químicas. A medida que se enfrían, se formaron diferentes capas que se formaban alrededor del borde del volcán, registrando las condiciones del magma que había en el interior.

“Los cristales de cuarzo que crecen alrededor del volcán es como observar los anillos de los árboles, ya que es un registro a la composición química del magma y a los cambios termodinámicos del sistema magmático”, afirma David Budd, geofísico de la Universidad de Uppsala en un comunicado.

Las rocas que rodean la estructura y dan a entender a los investigadores que el magma aniquiló y subsumió gran parte de la cámara de magma justo antes de que empezaran los fuegos artificiales naturales.

El cataclismo de Toba se ha registrado con un 8 en el índice de explosividad volcánica (VEI), el valor máximo de la escala. Este tipo de erupción es extremadamente extraño, y los vulcanólogos creen que sólo han habido 42 en los últimos 36 millones de años.

Pero como humanidad estamos predestinados a vivir uno de estos: el famoso volcán de Yellowstone o el Campi Flegrei de Nápoles.