3 proyectos de geoingeniería para mejorar el planeta… que pueden salir mal

Cuando se trata de mejorar el planeta, y eliminar así la contaminación que provoca el cambio climático, todo científico trata de poner su grano de arena. Sin embargo, tal es la “desesperación” que pueden llegar a plantearse ideas que, aunque a priori puedan parecer buenas, en su práctica pueden ser de precio desorbitado o, incluso, hacer que el remedio sea peor que la enfermedad.

Succión de carbono en Suiza

Una empresa suiza llamada Climeworks emplea grandes ventiladores que aspiran el carbón del aire y luego lo utilizan para plantar verduras o frutas en huertos. Estiman que este avance puede absorber 900 toneladas de carbono del aire cada año, a un coste de unos 500€ por tonelada.

Los críticos afirman que es un precio demasiado elevado, incluso más que otras tecnologías similares y más sencillas, como los filtros que eliminan el carbono directamente de las plantas de combustible fósiles. Sin embargo, Climeworks piensa que es posible reajustar el precio a medida que avance la tecnología. Para lograr el objetivo de la empresa, eliminar el 1% de carbono de la atmósfera con este método, sería necesario alrededor de 250.000 de estas plantas para que operen en todo el mundo: un total de 112.500.000.000€. Casi nada.

Geoingeniería solar

La geoingeniería solar sería liberar aerosoles en la atmósfera que reflejen la luz solar hacia el espacio, evitando que una parte de esta luz -y por lo tanto, el calor- entre en nuestro planeta. Un equipo de científicos de Harvard han estado estudiando esto durante años, y están planeando realizar la primera prueba en 2018. Tienen financiación de importantes inversores privados, entre ellos magnates como Bill Gates.

Para lograrlo, se enviará un globo de aire caliente a unos 20 kilómetros por encima del desierto de Arizona y liberarán una sustancia, probablemente carbonato de calcio, un compuesto químico muy común.

Pero algunos científicos no lo ven con buenos ojos. Creen que alterar la atmósfera para mantener el planeta fresco puede tener “consecuencias que no podemos prever”, y esperan que esto no provoque situaciones similares al “año sin verano” del 1815, donde una erupción volcánica del Tambora, en Indonesia, hizo que nevara en junio, escasearan los cultivos y brotaran enfermedades.

Las “apiradoras” acuáticas de dióxido de carbono

Al fitoplancton, los organismos microscópicos casi omnipresentes en nuestros océanos, les chifla el hierro. Además, también aspiran dióxido de carbono de la atmósfera. Así que a los científicos se les ha ocurrido cómo puede influir darles aún más hierro al fitoplancton para eliminar la contaminación del planeta.

Han habido ya 13 grandes pruebas, según Nature. En 2012, un polémico proyecto de fertilización de fitoplancton con hierro se realizó en la costa oeste de Canadá, que provocó una gran indignación en el gobierno canadiense, oceanógrafos e incluso en las Naciones Unidas. El polémico empresario estadounidense Russ George creó una floración de plancton artificial de 16.000 kilómetros cuadrados, aumentando la población de fitoplancton. Los científicos no están del todo convencidos que verter hierro en el océano haga eliminar el dióxido de carbono, ni están convencidos de que valga la pena alterar de forma irreversible los ecosistemas de nuestro océano.

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