Cuando caminamos, nuestro cerebro va siempre un paso por delante de nuestro cuerpo

Ser bípedos es una de las características que nos definen como humanos: en su época, este movimiento nos permitió liberar la mano para hacer tareas más complejas, hecho que hizo desarrollar nuestro cerebro. Otras investigaciones sugieren que, no solo eso, sino que además el ser bípedo nos permite ahorrar mucha más energía. Nuestro estilo de caminar explota la gravedad y la inercia para usar la menor cantidad de energía muscular posible.

Jonathan Samir Matthis, de la Universidad de Texas, ha querido saber cómo controlamos este movimiento de caminar, sobre todo porque el camino que hacemos rara vez está nivelado y libre de obstáculos. “Tenemos que ser mucho más cuidadosos sobre dónde colocamos nuestros pies siendo bípedos que siendo cuadrúpedos“, afirma. “Porque si lo hacemos más, hay consecuencias graves como un esguince o, en los peores casos, romperte una pierna”.

Para realizar una investigación sobre este campo, su equipo de investigadores tuvo la colaboración de 44 personas, de 18 a 22 años, que caminaron sobre una superficie plana mientras se les monotorizaba el movimiento. El equipo colocó unos parches blancos en el suelo y les pidió que, a medida que iban saliendo, los fueran pisando. La precisión fue mayor cuando el parche aparecía a una distancia de entre 1 y 1,5 pasos por delante.

Jonathan Samir dice que caminamos demasiado rápido para nuestros cerebros como paraque este controle nuestros movimientos con una velocidad más rápida. Así que en lugar de tener constantemente que ir guiando a nuestros músculos en cada paso -una tarea energéticamente costosa- planeamos con anticipación cogiendo como información lo que ven nuestros ojos, adaptando la dirección a la que vamos. Dicho en otras palabras: nuestro cerebro va un paso por delante.

El experto afirma que la comprensión de cuánto tiempo necesitamos de antemano para caminar podría ser importante para ayudar a las personas con condiciones relacionadas con la edad que les hacen que caminar sea harto complicado.

Fuente New Scientist
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