Un kilómetro de carretera en la Francia rural en Tourouvre-au-Perche, en Normandía, un pequeño pueblo rural, se ha pavimentado con más de 2.880 azulejos de paneles solares, con la esperanza de proporcionar energía y verde a los alrededores.

De media, la carretera proporcionará 767 kWh de electricidad cada día, con un máximo de 1.500 kWh en verano. No es una gran cantidad, sin embargo, el camino generará electricidad suficiente para alimentar un hogar promedio de una familia durante un año. Algo desproporcionado, quizá, con el precio total de la obra: 5 millones de euros.

La carretera está siendo anunciada como la primera calle de energía solar en el mundo. El proyecto es una prueba a dos años vista, que se utilizará para evaluar la eficacia y la rentabilidad de la carretera. Se desconoce si, de tener éxito, el precio de coste será el mismo en otros países.

“Todavía estamos experimentando. Una construcción de esta magnitud es una oportunidad muy buena para innovar”, afirma Jean-Charles Broizat, CEO de Wattway, la empresa detrás del proyecto.

“Esta aplicación nos permite mejorar nuestro proceso de instalación de paneles fotovoltaicos, así como su fabricación, con el fin de optimizarlo de cara al futuro de la mejor forma posible”.