Curiosidades sobre la hipnosis

La hipnosis se ha practicado desde tiempos inmemoriales en rituales o ceremonias de curación. Las primeras manifestaciones se dieron en forma de autohipnosis, entre los humanos primitivos, quienes con sus cantos misteriosos, su bailes rituales y sus palabras llegaban a insensibilizarse colectivamente del dolor, tenían visiones, dominaban el cansancio, se curaban trastornos funcionales y llegaban a estados catalépticos.

La hipnosis como la conocemos hoy, fue desarrollada por el cirujano escocés James Braid (1734-1815), quien la definió, como un estado onírico: «La fijación sostenida en la mirada de una persona paraliza los centros nerviosos de los ojos, destruyendo el equilibrio del sistema nervioso y produciendo el estado onírico”. Su creencia de que la hipnosis era una transición al mundo de los sueños dio origen a la palabra “hipnotismo”, del griego hipnos, que significa sueño o sopor.

Se probado mediante electroencefalografía, que aunque las personas en estado de hipnosis suelen tener los ojos cerrados y están tranquilos, no duermen.
Es una experiencia subjetiva difícil de describir, como ocurre con la consciencia o el dolor. En general, en estado de hipnosis se experimenta una modificación de la atención, las percepciones sensoriales y el tiempo. Produce un estado atención muy focalizado que minimiza otros pensamientos y sensaciones. El umbral de percepción del dolor se eleva, de ahí los efectos analgésicos que se le atribuyen, conocidos desde tiempos remotos.

Hoy en día, la neurociencia carece de una teoría satisfactoria que explique la sugestión hipnótica. Tal vez por eso son muchas las falsas creencias que circulan sobre las consecuencias que este estado peculiar de conciencia puede provocar en quienes los experimentan.

Entre ellas, el más extendido es que «se anula la voluntad de la persona sometida a hipnosis, que se convierte en una especie de autómatas capaces hacer el ridículo o de llevar a cabo incluso actos delictivos». Esta creencia es falsa. No hay evidencias de que alguien haya obrado en contra de su voluntad mientras estaba sometido a hipnosis, como recoge la web del Grupo De Trabajo De Hipnosis Psicológica del Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana.
Además, la misma página desmiente que la hipnosis pueda dejar a una persona “enganchada” en un trance y dejarla a merced del hipnotizador.

También es falsa la creencia de que «lo que se recuerda y se relata durante la hipnosis es siempre real».
De hecho ha sido muy controvertido el uso de la hipnosis para acceder a recuerdos supuestamente reprimidos sobre sucesos de la infancia relacionados con malos tratos psicológicos, físicos o abusos sexuales, porque inducía, falsos recuerdos. No hay que olvidar que la hipnosis tiene una alta dosis de sugestión.
Mitos aparte, la analgesia inducida por la hipnosis se ha mostrado muy efectiva en el tratamiento del dolor crónico, oncológico y neuropático, tras la amputación de alguna extremidad. Es efectiva para reducir el dolor después de las intervenciones quirúrgicas. También se valen de esta propiedad los dentistas, que cada vez lo utilizan más en sus consultas.

Pero la lista de posible aplicaciones no termina aquí. También la psicoterapia se sirve de la hipnosis para tratar problemas psicológicos. La lista es larga, según la Sociedad Catatana de Hipnosis Clínica y Psicoterapia: fobias, trastorno por estrés post-traumático, insomnio, trastornos psicosomáticos, tabaquismo depresión, asma…

El primero en ver las posibilidades terapéuticas de la hipnosis fue Sigmund Freud: «Nunca se ponderará bastando la importancia del hipnotismo en la historia de la génesis del psicoanálisis. Tanto en el sentido teórico como en el terapéutico, el psicoanálisis administra una herencia que el hipnotismo le transmitió»

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