Nuestros cerebros tienen prejuicios contra las minorías

 Un nuevo estudio ha encontrado que el cerebro humano puede tener una tendencia natural a encasillar a grupos de personas, sobre todo cuando estos están asociados con características negativas. Publicada en la revista Journal Of Cognitive Neuroscience, la investigación proporciona una indicación de enfriamiento de cuán influyentes pueden ser los medios en el refuerzo de los mecanismos neuronales detrás de este tipo de perfiles raciales y étnicos.

Un equipo de científicos de universidades británicas y australianas crearon unas poblaciones ficticias, con nombres como Hezlatts, Kitils, Trithans y los Grallacks. Algunos de estos clanes fueron designados como el mal, mientras que otros eran inherentemente buenos.

Los autores del estudio mostraron, entonces, una serie de titulares de noticias a un grupo de participantes que ayudaron a establecer la naturaleza moral de cada uno de estos grupos. Por ejemplo, a los sujetos se les dijo que un miembro de un grupo consoló a un amigo cuyo abuelo había fallecido, mientras que un representante de otro clan daba una patada a un gato en la calle.

Utilizando imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para escanear los cerebros de los participantes, los investigadores observaron que una región del cerebro llamada polo temporal anterior se activaba a medida que desarrollaban prejuicios contra ciertos grupos.

Al leer las declaraciones negativas sobre ciertos grupos, la actividad en esta parte del cerebro aumentó, y no tuvo ningún tipo de actividad a la hora de leer noticias positivas. Por ello, el equipo llegó a la conclusión que la actividad en esta parte del cerebro indica el nivel de prejuicios de una persona.

Para alterar las cosas, los investigadores presentaron a los participantes algunas declaraciones que contradecían a los estereotipos que se habían establecido. Por ejemplo, a los sujetos se les fijo que, de vez en cuando, un miembro de un grupo «malo» había hecho algo bueno, o que un miembro de un grupo decente había hecho algo malo.

Estas anomalías fueron procesadas por la corteza prefrontal del cerebro, que según los autores del estudio se encarga de detectar errores en el mundo que nos rodea. Sin embargo, este efecto fue siempre mayor en respuesta a un grupo «malo» haciendo algo bueno que a la inversa, lo que indica que el cerebro está más sorprendido por las cosas que desafían a nuestros estereotipos que los que desafían los positivos.

Tales hallazgos sugieren que el prejuicio puede ser un rasgo inherente en el ser humano, algo que a muchos no les gustará admitir. Por otra parte, al presentar constantemente ciertos grupos de personas de forma desfavorable, los medios de comunicación tienen el poder de secuestrar nuestra maquinaria mental y causar estereotipos negativos para afianzarse dentro de nuestra conciencia.

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