A principios de los 1950 Donald Snyder cumplía condena en la cárcel Green Haven de Nueva York por robo de coche. Se escapó y en su huida tomó como rehén a una niña de 9 años. Cuando la policía le alcanzó y disparó contra él, Snyder apuñaló a la niña. Fue recapturado y condenado a muerte en la silla eléctrica en la penitenciaría de Sing Sing.

Sabiendo que no tenía posibilidades de escapar de esa cárcel, se le ocurrió un curioso plan para evitar la ejecución: comer mucho y engordar para no caber en la silla eléctrica. De esta forma, el Estado se vería obligado a conmutar su condena por la perpetua. Pero no salió como él esperaba.

A pesar de ponerse morado y llegar a duplicar los 70 kg que pesaba cuando entró en Sing Sing, incluyendo una última cena en la que pidió muchas chuletas de cerdo y huevos, la silla era lo suficientemente grande como para que Snyder encajara sin problemas. Otras fuentes aseguran que la cárcel preparó una silla más grande para acomodar los kilos de más del reo. Finalmente, nada impidió que Snyder fuese ejecutado.