El proyecto Breakthrough Starshot, de 100 millones de dólares y anunciado por Yuri Milner, planea usar láseres gigantes para enviar una pequeña nave espacial a Alfa Centauri. Aunque pueda sonar a ciencia ficción, las investigaciones sugieren que una “vela láser” podría ser una de las maneras de conseguir que una sonda creada por los humanos llegue algún día a otra estrella.

Peor hay un problema. Aunque Alfa Centauri es el sistema estelar más cercano, se encuentra a 4,37 años luz de distancia: más de 276.000 veces la distancia de la Tierra al Sol.

Los cohetes convencionales no son lo suficientemente eficientes para abarcar la enorme distancia dentro del curso de la vida humana, ya que se tardaría la friolera de 165.000 años para llegar a Alfa Centauri.

El problema es el combustible. Aunque sin él no se podría mover, obviamente, se necesitaría tantísima cantidad que sería imposible de almacenar y, en el caso que se pudiera, habría que mover tanta masa que sería casi imposible: los viajes largos requieren una gran cantidad de combustible, lo que los hacen más pesado, haciendo que necesiten más potencia, necesitando más combustible, aumentando su peso… y así sucesivamente, un problema que crece exponencialmente cuanto más grande es una nave espacial.

Sin embargo, los científicos han pensado una serie de soluciones para los viajes interestelares en las próximas décadas, cada cual con sus propios inconvenientes:

  • Los motores de antimateria, que se basan en una cantidad extraordinaria de energía cuando la antimateria y la materia se aniquilan entre si. Dos físicos del Fermilab y el Laboratorio Nacional de Los Álamos están planeando un pedal de arranque que utilice antimateria. Sin embargo, todos los métodos actuales de fabricación de antimateria producen cantidades ínfimas de la misma: 100 mil millones de dólares para producir tan sólo un gramo. Incluso si la humanidad pudiera generar suficiente antimateria para el viaje, aún se desconoce si se podría almacenar y manipular antimateria de forma segura.
  • Cohetes de fusión nuclear. Sin embargo, pueden pasar décadas antes de que los científicos logren construir un reactor de fusión lo suficientemente pequeño como para caber en un cohete.
  • En la ciencia ficción, se ha usado una idea bastante interesante: el uso de campos electromagnéticos para aspirar combustible a partir de su entorno en vez de cargar con él. Sin embargo, el espacio interestelar no es tan denso; por otra parte, sigue siendo incierto el cómo se puede emplear el hidrógeno ordinario que se encuentra en el espacio interestelar como combustible de fusión.
  •  Las naves generacionales. Puesto que se acepta el hecho de que un viaje a Alpha Centauri puede tardar miles de años, se plantea la idea de una nave que albergue a generaciones de personas, pero queda mucho por conocer acerca de si la gente puede hacer frente a los desafíos físicos y psicológicos de los vuelos espaciales que duran toda una vida.

 

El escenario más realista puede ser las velas láser que propone el proyecto Breaktrough Starshot; esta estrategia contempla el equipar naves espaciales con espejos y confiar que los láseres de gran alcance empujen las sondas hacia la estrella. Aunque la luz no ejerce demasiada presión, proyectos anteriores han probad con éxito una serie de velas solares, las naves espaciales propulsadas con la luz del sol.

El cosmólogo experimental Philib Lubin, de la Universidad de California, han calculado que una matriz de 10 kilómetros de ancho orbitando alrededor de la Tierra, y disparando de 50 a 70 gigavatios, podría propulsar una nave espacial en forma de chip, con un peso de un gramo y de una vela de un metro de ancho, a más del 25% de la velocidad de la luz, lo que significa que se podría llegar a Marte en 30 minutos y a Alfa Centauri en 20 años.

Esta estrategia tiene una desventaja importante: las naves no tendrían forma de frenarse una vez llegasen a su destino. Aún así, sugieren que estas sondas podrían transmitir datos una vez llegaran allí.