No perdemos 21 gramos al morir

Uno de los mitos más difundidos enalmatre la sociedad es que, al morir, perdemos 21 gramos. Estos gramos supondrían el peso de nuestra alma al salir de nuestro cuerpo, en un experimento científico hecho por Duncan McDougall el año 1907 en Massachussets.

Dicho experimento sí se llevó a cabo realmente, con la esperanza de demostrar una dualidad alma – cuerpo y con la convicción de que, si existe una sustancia con funciones psíquicas tras la muerte del cuerpo humano, esa sustancia solo podrá existir como un cuerpo ocupante del espacio y por lo tanto, debería tener peso como el resto de la materia y ese peso debería de poder medirse a la hora del fallecimiento de la persona.

Seis pacientes terminales (cuatro con tuberculosis, uno con diabetes y otra persona sin una enfermedad identificada) fueron voluntarias para estar en unas camas con balanzas romanas para poder medir sus pesos a la hora de su fallecimiento. Durante ese lapso, el doctor McDougall reajustó las balanzas debido a la pérdida de peso previsible de los pacientes terminales.

Los resultados fueron los siguientes:

  • Paciente Nº1: Pérdida de 21,3 gramos súbitamente coincidiendo con la muerte.
  • Paciente Nº2: Pérdida de 45,48 gramos en los dieciocho minutos que transcurren desde el cese de su respiración hasta que estuvieron seguros de su muerte.
  • Paciente Nº3: Pérdida de 15 gramos coincidiendo con la muerte y una pérdida adicional de 30 gramos pocos minutos más tarde.
  • Paciente Nº4: Esta persona no pudo ser medida por problemas con las personas que ajustaron la balanza.
  • Paciente Nº5: Pérdida inicial de 10,66 gramos, pero luego la balanza regresó a su posición inicial aún retirándole los pesos.
  • Paciente Nº6: Fue imposible medir a este paciente ya que falleció momentos antes de calibrar la balanza.

Para contrarrestar sus datos, el doctor McDougall sacrificó a 15 perros sanos con datos sorprendentes: todos ellos ganaron peso.

Hasta este punto podemos sacar conclusiones (precipitadas) sobre que sí parece ser que hay un patrón en común; los animales ganan peso mientras que los humanos pierden. Hasta aquí podríamos deducir que hay algo que podríamos llamar ‘alma’ que perdemos a la hora de morir.

Pero seguimos analizando. Siempre se ha dicho que son 21 gramos y descubrimos que, de las cuatro personas que fueron analizadas, solo una de ellas perdió un peso aproximado a esa cifra. Podríamos pensar que la pérdida de pesos se debe a la expulsión de aire en los pulmones y de gases intestinales, pero sean 21 gramos o 40, serían muchos los gases necesarios para alcanzar esa cifra, y ocuparía un volumen lo suficientemente grande como para ser detectado antes y después de morir. Tampoco es el hecho de dejar de respirar pues el doctor detectó que, a la hora de respirar, las balanzas apenas detectaban una variación en el peso.

Entonces, ¿qué conclusiones sacamos de todo ello? No podemos tomar como científico el experimento de McDougall por varias razones. La primera razón es que solo fueron cuatro pacientes los analizados; muy pocos como para concluir algo y darle veracidad. La segunda, es la variabilidad de los pesos a la hora de fallecer. El tercero, es la poca precisión a la hora de definir un momento exacto a la hora de fallecer; esto es un proceso, no un instante, y hemos comprobado que ha habido variabilidad de pesos durante varios momentos: en una muerte se ha dado una pérdida instantánea pero en otras se ha dado por válido pérdidas de peso producidas minutos después de la muerte. Todo ello sumándole los instrumentos rudimentarios que tenían en aquella época.

También, cabe decir lo difícil que es poder medir tan ínfimo peso en un cuerpo tan grande (ya que representa el 0,05% del total del peso), y lo difícil que es poder darle un sentido a esa pérdida. Los 21 gramos quedan como una anécdota en un experimento que carece de veracidad y que parece que nadie tiene mucho interés en repetir.

 

Fuente http://www.ghostweb.com/soul.html......
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