La locura de Iván IV el Terrible

La historia de los zares de Rusia comenzó por un curioso episodio, el reinado de terror y crueldad de Iván IV el Terrible, aunque de joven ya había dado algún síntoma de crueldad lanzando animales desde lo alto de las murallas, y el asesinato de algún que otro enemigo, nada era comparable con lo que haría después.

En la época en las que España extendía sus murallas con la conquista de América y Carlos III y Felipe II extendían el dominio europeo, Rusia seguía un camino hacía una época de terror. Cuentan que Iván, quien era hijo de Basilisco III, nació con dos dientes, aunque tardó 50 años en desarrollar toda la dentadura. A los dos dientes se les identificó con que uno destrozaría el kanato Kazán y el otro a todos los rusos.

Durante su vida tuvo la ocasión de acumular mucho odio por los nobles rusos que envenenaron a su madre, y esto marco su reinado en forma de locura con brotes de crueldad, euforia y repetidas depresiones. Incluso él fue el responsable de la muerte de su propio hijo al darle un garrotazo en la cabeza en uno de sus ataques de ira.

El último día de su vida Iván se levantó lúcido, se levantó amable, comió copiosamente, habló con sus criados y se puso a jugar una partida de ajedrez, pero antes de mover la primera ficha sufrió una convulsión que le mató.

Hoy en día se da una explicación médica del comportamiento del primer Zar de Rusia, era una enfermedad que se caracterizaba por la intoxicación de mercurio. Cuando se estudió su cráneo se encontraron las marcas que provoca la sífilis en los huesos. El tratamiento en aquella época era dar mercurio a sus pacientes que provoca cambios en el cerebro y una personalidad violenta.

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