La enfermedad real tras el mito de los vampiros

Vampiros1Palidez de rostro, ojeras, colmillos afilados, pánico a la luz, rechazo a los ajos… prácticamente todos conocemos las características de un vampiro. En la mayoría de las culturas, un vampiro es un personaje mitológico humano que después de morirse revive y se convierte en un depredador chupasangre, una especie de cadáver viviente que necesita desesperadamente este fluido para mantenerse activo.

La mayoría de los mitos y leyendas tienen una pequeña base real. Luego, nuestra imaginación añade todo el resto. Pero sorprendentemente, en el caso de los vampiros, hay mucho más de real que de imaginario. A continuación te lo contamos.

 

 

 

 

La película de «Drácula», de Bela Lugosi, emitida por primera vez en 1931, fue la principal responsable de la expansión de las características que atribuimos actualmente a los vampiros. Esta película es una adaptación de la novela del irlandés Bram Stocker, que fue publicada en 1897. Pero Stocker tampoco inventó el personaje mitológico vampiresco, puesto que los vampiros forman parte de muchas leyendas folclóricas desde tiempos ancestrales.

Pero, ¿De dónde surgió el mito de los vampiros?

La hipótesis más extendida acerca del origen del personaje vampírico hace referencia a una enfermedad genética y hereditaria, la porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther, popularmente llamada «la enfermedad de los vampiros». Esta anomalía es rara y poco frecuente y se caracteriza por la incapacidad de metabolizar las porfirinas, proteínas sanguíneas que juegan un papel fundamental en la síntesis del grupo Hemo. Localizado en los glóbulos rojos, el grupo Hemo forma parte de la hemoglobina, el medio de transporte del oxígeno.

ajos puertaCuando las porfirinas no se pueden metabolizar, la síntesis del grupo Hemo a partir de estas se inhibe, produciéndose un déficit de hemoglobina y un exceso de porfirinas. Todo ello ocasiona una serie de manifestaciones clínicas que sin duda te resultaran muy familiares:

  • Fotosensibilidad: en las porfirias, las porfirinas tienden a acumularse en la piel, y cuando son expuestas a la luz solar durante unos minutos, se degradan liberando oxígeno, que oxida y destruye el tejido epitelial. Como consecuencia la piel se inflama, se producen ampollas, enrojecimiento, hinchazón y sangrado. El enfermo experimenta sensación de ardor y quemazón en la piel; de ahí que «los vampiros ardan en llamas cuando son expuestos al sol».
  • Intolerancia al ajo: Los que no quieren ser mordidos por vampiros se colocan un collar de ajos alrededor del cuello. Y es que los enfermos de porfiria son intolerantes al ajo. Esto se debe a que uno de sus componentes, el disulfuro de alilo, destruye el grupo Hemo, lo que contribuye a aumentar el malestar de los enfermos de porfiria.
  • Deformidades faciales o «Facies vampírica»: Cuando las lesiones faciales producidas por la luz solar son extensas y mutilantes, pueden destruir completamente los labios, lo que deja la dentadura al descubierto. Con ello, los dientes aparentan tener un mayor tamaño. También puede afectar a los cartílagos de las orejas, que a menudo adquieren un aspecto puntiagudo. Además, con la acumulación de porfirinas, los ojos pueden adquirir un color rojizo.
  • Palidez extrema: La falta de hemoglobina produce anemia (falta de hierro) con toda su sintomatología característica, incluyendo la palidez. Antiguamente los médicos recomendaban a los enfermos de porfiria beber sangre de animales, puesto que la sangre de animal es rica en hierro. Actualmente se subministra vía intravenosa.
  • Ansiedad por la sangre: Todo un clásico. El déficit de hemoglobina puede producir picas. Una pica es una reacción de carácter instintivo que puede producirse ante la carencia de algún nutriente esencial. Por ejemplo, a algunos niños con déficit de calcio se les ha visto chupar el yeso de las paredes. De la misma forma el déficit de hierro puede traducirse en una necesidad visceral de beber sangre.
  • Prevalencia entre grupos familiares: Aunque la porfiria no se transmite a través de un mordisco, sí puede transmitirse genéticamente. En la sociedades feudales era muy frecuente el derecho de pernada. Esto supone la transmisión del material genético del noble señor feudal afectado de porfiria a las familias de sus siervos o del pueblo llano, produciéndose varios casos de esta enfermedad en un mismo periodo y con relativa frecuencia, lo que explicaría la prevalencia en el entorno del supuesto vampiro original.

Hay una última manifestación clínica que no ha pasado a la cultura popular: algunos enfermos de porfiria son tremendamente peludos. Debido a su fotosensibilidad, cuando son expuestos reiteradamente a la luz del sol, su piel comienza a generar mucho pelo para protegerse.

Pero a Stoker no se le escapó ningún detalle y así describe en su libro al Conde Drácula:

Su cara era fuerte, muy fuerte, aguileña, con un puente muy marcado sobre la fina nariz y las ventanas de ella peculiarmente arqueadas y el pelo gris que le crecía escasamente alrededor de las sienes, pero profusamente en otras partes. Sus cejas eran muy espesas, casi se encontraban en el entrecejo, y con un pelo tan abundante que parecía encresparse por su misma profusión. La boca era fina y tenía una apariencia más bien cruel, con unos dientes blancos peculiarmente agudos; éstos sobresalían sobre los labios. La tez era de una palidez extraordinaria. No pude evitar notar que sus manos eran bastante toscas, anchas y con dedos rechonchos. Cosa rara, tenían pelos en el centro de la palma…”

Fuente https://es.wikipedia.org/wiki/Vampiro......
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