El azaroso descubrimiento de los fósforos
Fue en 1826. Ese año, la humanidad se benefició de un golpe de suerte. Cambiaría para siempre la forma en que generamos luz y calor. El farmacéutico experimental inglés John Walker estaba mezclando sustancias químicas para fabricar explosivos. Accidentalmente, un palo impregnado con la mezcla golpeó una piedra frente a su chimenea y se incendió espontáneamente. Así fue el azaroso descubrimiento de los fósforos.
Walker nació en 1781 en Durham. La máquina de vapor de James Watt, debutó comercialmente en 1776. Las locomotoras de vapor pronto podían arrastrar trenes de pasajeros a 50 km/h. Pero para encender los fuegos que producían esta energía, la gente seguía luchando con pedernal y acero.

Luces de fricción
Cirujano de formación, Walker se volvió farmacéutico. Experimentaba con compuestos químicos. Una de sus pasiones era la química. Mezclaba sustancias químicas para fabricar cápsulas fulminantes para sus amigos granjeros. Un día, estaba mezclando una sustancia y la dejó secar. Una vez seca, simplemente golpeó un trozo de madera contra el hogar, y se encendió. Fue un momento de genialidad. Algo que nadie más en el mundo había logrado antes.
Se dio cuenta del potencial comercial de esto. La primera venta fue en abril de 1827. Las llamó cerillas de fricción. Al principio se vendían por cientos en latas. Eran varillas de madera muy finas y planas. Tenían un extremo sumergido en una pasta de clorato de potasio, sulfuro de antimonio, goma arábiga y agua. Al rozar la cerilla con un trozo de papel de lija doblado, estallaba en una llama.
En 1829, Samuel Jones, de Londres, lanzó sus propias «Lucifers». Una copia exacta de las Luces de Fricción de Walker, que se convirtieron en las primeras cerillas producidas en masa. El tamaño y la forma de la caja de cerillas también tuvieron cambios. En 1844, una versión sueca popularizó la caja de cerillas moderna.
La fabricación de cerillas se convirtió en una actividad artesanal. Se producían en casa, proporcionando a las familias un ingreso extra, aunque algo arriesgado. Otro invento, el encendedor, provocó posteriormente un marcado declive. Los fósforos siguen siendo un artículo común en todo el mundo. Continúan siendo un elemento esencial. Sin embargo, su inventor sigue siendo desconocido. Walker, 200 años después, merece un mayor reconocimiento. Walker fue una figura histórica que no quiso seguir los pasos de su invento.

Reconocimiento
Muchos esperan que las celebraciones del 200 aniversario le den finalmente a este extraordinario inventor local el reconocimiento que merece. El azaroso descubrimiento de los fósforos cambió el mundo. Permitió crear una llama al instante, con poco esfuerzo. Esto hizo que las tareas cotidianas, tanto en el ámbito industrial como en el doméstico, fueran mucho más fáciles y rápidas.