El canibalismo era común en el Neolítico
Tres cuevas de Granada acaban de reescribir lo que se sabía sobre el pasado más oscuro de la Península. El canibalismo era común en el Neolítico, según un nuevo estudio, pero no de una sola forma ni en un solo momento: fueron episodios recurrentes, separados en el tiempo, con motivos distintos.
Un equipo internacional revisó cerca de mil huesos de las cuevas de Malalmuerzo, Carigüela y Majolicas, más de 50 años después de que se convirtieran en referentes mundiales del tema. Usaron datación por radiocarbono y nuevas técnicas para distinguir fracturas hechas en hueso fresco de las producidas después de la muerte.

Tres historias
Cada yacimiento cuenta algo diferente. Malalmuerzo muestra señales de violencia: fracturas de una muerte violenta y restos de todos los grupos de edad. Eso sugiere que, hacia el año 5.000 a.C., alguien mató y consumió a un grupo entero. Carigüela revela varios episodios en distintos momentos, además de dos cráneos convertidos en recipientes. Majolicas, el más reciente, hacia el 3800 a.C., no muestra violencia: sus huesos aparecen teñidos de rojo, probablemente con cinabrio, un mineral ligado a rituales.
«Durante décadas se ha tendido a interpretar el canibalismo prehistórico como un único comportamiento. Nuestro trabajo muestra que no es posible hablar de un único ‘canibalismo neolítico'», explica Antonio Rodríguez-Hidalgo, del Instituto de Arqueología de Mérida. El canibalismo era común en el Neolítico en toda Europa, no solo en Iberia. Las evidencias se concentran en tres momentos: finales del sexto milenio a.C., mediados del quinto, y finales del tercer milenio, ya en la Edad del Bronce. Nadie sabe con certeza por qué coinciden tanto en el tiempo.

Un patrón europeo
«Durante todo el Neolítico, de forma discontinua pero recurrente, existe un escenario de conflicto o manipulación de restos que refleja cambios en la organización social y en la relación con la muerte», detalla Palmira Saladié, autora principal. El estudio, publicado en Journal of Archaeological Science, tuvo un capítulo especial: Miguel C. Botella, quien descubrió estas cuevas en los años 70, participó medio siglo después en su revisión con las nuevas herramientas.