Una variante genética, la clave de la obesidad

Investigadores de España, EEUU y Canadá han descubierto el mecanismo que hay detrás del riesgo de sufrir obesidad. La clave, una vez más, está en el cerebro.

Como si de un interruptor se tratara el gen IRX3 puede estar encendido o apagado, aquellos que tienen el IRX3 desactivado pesan menos que los que tienen el gen encendido, según determina el estudio.

Los investigadores llegaron a esta conclusión observando un ratón del laboratorio de Toronto (Canadá). Este roedor parece igual de blanco y corriente que los demás, pero si se pone al lado de otro resulta que es más delgado. La única diferencia entre ellos es un gen desactivado que le hace ser un 30% más delgado a pesar de llevar la misma dieta.

“Estos ratones son como esos amigos o compañeros de trabajo que comen un montón de comida basura y nunca ganan peso”, comenta a Chi-Chung Hui, investigador del Hospital para Niños Enfermos de Toronto.

Desde hace tiempo se sabe que hay una variante genética en humanos que da a su portador tres kilos más de media y un mayor riesgo de sufrir obesidad. Se trata de una mutación en el gen FTO, pero hasta ahora no se había explicado por qué esta mutación hacía engordar a los individuos.

El equipo del español José Luis Gómez-Skarmeta, investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo y coautor del estudio, ha aplicado al misterio del FTO una nueva técnica conocida como captura de la formación de la cromatina, que permite ver cómo se empaqueta el genoma –la cadena de ADN se dobla sobre sí misma multitud de veces-. Gracias a esta técnica han descubierto que las variantes de riesgo en FTO están en contacto con otro gen, el IRX3, al doblarse el genoma y muestra que el ADN basura en las variantes del gen FTO es como  un interruptor que enciende el IRX3, el verdadero responsable de la obesidad.

“Además de identificar IRX3 como el gen gordo, ahora tenemos pruebas de que controla neuronas en el hipotálamo del cerebro que regulan cuándo se quema o se almacena energía”, indica Hui. El estudio ha demostrado que apagar IRX3 en el hipotálamo del cerebro, la región que controla el apetito y parte del metabolismo, hace adelgazar. Esto implica que ese “gen gordo” funciona en el cerebro e influye en el peso corporal.

Este hallazgo, publicado en la revista Nature, puede tener importantes implicaciones en la investigación y tratamiento de la obesidad.

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