El T-Rex era de sangre caliente
Científicos de la UCLA lo confirmaron con dientes fósiles: el T-Rex era de sangre caliente. Calcularon por primera vez su temperatura corporal exacta, 36 grados centígrados, casi la misma que la de un ser humano. El estudio se publicó en Science Advances. Analizó fósiles del Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles. El hallazgo confirma que el Tyrannosaurus rex era un depredador o carroñero veloz. Podía sobrevivir en climas demasiado fríos para otros reptiles, y no era el animal lento que tomaba el sol que a veces se imaginaba.

Una década de ajustes
El equipo de la UCLA desarrolló hace diez años un método para medir la temperatura de animales extintos a partir de sus huesos. Pero probarlo en un T. rex exigía más material del que cualquier museo quería ceder. Durante esa década, los investigadores redujeron en un 90% la cantidad de hueso necesaria. Así convencieron al museo de que entregara fragmentos de dos dientes de Thomas, uno de los esqueletos de tiranosaurio más completos que existen.
La temperatura resultante llama la atención por su punto medio. Los reptiles fríos actuales rondan los 28-30 grados. Las aves, descendientes evolutivos del T. rex, suelen superar los 40 grados. «Esa es la base del uso de los isótopos como termómetro», explicó Robert Eagle, geobiólogo de la UCLA y coautor del estudio.

Un termómetro en el esmalte
El método aprovecha un enlace químico entre isótopos raros de carbono y oxígeno dentro del esmalte dental. Ese enlace aparece con más frecuencia cuanto más fría fue la temperatura del animal. Un T. rex de sangre caliente debía tener, entonces, menos enlaces que uno de sangre fría. Los investigadores extrajeron el esmalte con un taladro, lo disolvieron en ácido fosfórico y midieron los isótopos con un espectrómetro de masas.
Según Eagle, la existencia de un T. rex termorregulador respalda la idea de que los tiranosaurios cazaban o carroñeaban activamente para alimentar un metabolismo acelerado. Ese cuerpo caliente también le permitió colonizar territorios que los reptiles de sangre fría nunca habrían podido pisar, incluidos hábitats fríos donde hoy aparecen fósiles suyos en Alaska. La confirmación de que el T-Rex era de sangre caliente cambia, así, la imagen del «Rey de los Lagartos Tiranos».