La forma de visión de las plantas
Pensemos en una definición amplia del término “visión”. Es la capacidad de captar luz del entorno, transformar en señales biológicas e interpretarla. Nos sirve para representar de manera útil el mundo que nos rodea. Visto así, se podría entender la forma de visión de las plantas.
Son organismos fotosintéticos. Las plantas son capaces de absorber y utilizar la luz con una sofisticación y eficiencia extraordinaria. Pero, para ellas, la luz no es sólo la energía que alimenta la fotosíntesis, es también información. La luz es una señal ambiental de primer orden sobre la alternancia día-noche. Avisa si están rodeadas de competidoras, cuándo deben germinar, o florecer.

Leyendo la luz
La clave de esta percepción está en los fotorreceptores. Son biomoléculas que funcionan como sensores capaces de absorber luz y transformar esa información física en respuestas biológicas. Las plantas disponen de fotorreceptores especializados en interpretar la información lumínica asociada a rangos discretos de radiación electromagnética. Son capaces de interpretar su calidad espectral, es decir, “perciben colores”.
Los fitocromos, una amplia familia de fotorreceptores, están entre los mejor caracterizados. Son proteínas unidas una especie de “antena” (cromóforo) capaz de absorber fotones en la zona del rojo y rojo lejano. Es un interruptor reversible que informa a la planta sobre la calidad espectral de la luz que la rodea.
Uno de los aspectos más fascinantes es que las plantas pueden detectar a sus vecinas en función del grado de sombreo utilizando como sensores a los fitocromos. Lo logran midiendo la proporción entre luz roja y luz roja lejana. La luz solar directa contiene ambas. Pero las hojas absorben mucha luz roja para la fotosíntesis y dejan pasar o reflejan más luz roja lejana.
La planta cambia su arquitectura: alarga tallos, modifica la orientación de sus hojas y reduce la ramificación. No está “pensando”, pero está tomando decisiones de desarrollo. Su cuerpo se reorganiza para alcanzar la luz antes o mejor que sus competidoras. Esta capacidad tiene enormes implicaciones agrícolas. En un cultivo denso, por ejemplo, las plantas invierten demasiada energía en competir por luz en lugar de producir semillas. Nos ayuda a seleccionar variedades más tolerantes al sombreado. Son capaces de crecer en alta densidad sin activar en exceso respuestas de escape.

Regula calendarios
La forma de visión de las plantas influye en todo el ciclo. La luz a través de los fotorreceptores regula el calendario interno de muchas especies. Gracias a ello, algunas especies florecen cuando los días se alargan, otras cuando se acortan. De esa manera, ajustan su ciclo vital a la estación más favorable. La floración es un momento clave de su ciclo vital. Su éxito depende, en buena medida, de interpretar correctamente qué condiciones ambientales son las más favorables.