Las partes de un agujero negro
Un agujero negro no es un hueco vacío, sino materia comprimida en un espacio diminuto. Esa densidad extrema deforma el espacio-tiempo, y las partes de un agujero negro revelan una anatomía mucho más compleja de lo que parece a simple vista.

El límite que nada cruza
Lo más conocido es el horizonte de sucesos: no es una superficie sólida, sino una frontera matemática. Marca el punto donde la velocidad necesaria para escapar supera la velocidad de la luz, unos 300.000 kilómetros por segundo. Nada puede viajar más rápido, así que cualquier cosa que cruce esa línea queda atrapada para siempre. Por eso el agujero es verdaderamente «negro»: ninguna información del interior llega a un observador externo.
Tras ese límite espera la singularidad, en el centro mismo del agujero negro. Es un punto de volumen cero y densidad infinita, donde se aplasta toda la masa de la estrella que colapsó para formarlo. Allí, las leyes de la física tal y como las conocemos dejan de funcionar, y los físicos teóricos siguen debatiendo qué ocurre realmente en ese punto.
Curiosamente, estos objetos tan oscuros suelen ser también muy brillantes, gracias al disco de acreción. Cuando el agujero atrae materia de una estrella o una nube de gas, esta no cae en línea recta: orbita a gran velocidad y forma un disco aplanado. La fricción entre sus partículas genera calor extremo, que emite rayos X y permite detectar el agujero negro desde la Tierra.

Un disco que brilla
En el borde exterior del horizonte de sucesos está la esfera de fotones, donde la gravedad obliga a la luz a viajar en círculos. Si alguien pudiera situarse allí y mirar hacia adelante, vería su propia nuca, porque los fotones rebotarían a su alrededor. Los agujeros negros que giran, además, arrastran consigo el propio espacio-tiempo en una región llamada ergosfera, donde es físicamente imposible permanecer quieto.
Algunos agujeros negros supermasivos expulsan parte de su material por los polos, en chorros relativistas que viajan casi a la velocidad de la luz y se extienden cientos de miles de años luz. Todas estas, las partes de un agujero negro, explican juntas cómo un objeto invisible puede terminar iluminando media galaxia.