El rosa no existe

Olvídate de los flamencos, de las flores de cerezo o de los chicles: el rosa no es un color real.

Pensemos en el espectro de colores: la luz visible (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta) es la parte del espectro electromagnético que nuestros ojos pueden percibir. A diferencia de la mayoría de los colores que encontramos, no podemos representar el rosa en una sola frecuencia de luz: no es del todo rojo, pero tampoco es violeta. Lo que es, realmente, es una combinación de longitudes de onda.

Cuando ves algo rosa, no recibes un montón de longitudes de onda de luz rosada golpeando la parte posterior de tu globo ocular; lo que pasa es un derroche de diferentes longitudes de onda reflejadas, principalmente rojo y blanco, que tu cerebro está juntando y percibiendo como rosado.

Entonces… ¿esto significa que el rosa no es un color?

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«Sí, el rosa es un color», afirma Jill Morton, experta en teoría del color y psicóloga, en declaraciones a Popular Science en 2012. «Pero dicho esto, el rosa no forma parte del espectro de luz. Es un color extraespectral, y hay que mezclarlo para generarlo».

Si te ciñes a las reglas del espectro electromagnético, deberíamos decir que el rosa es un «rojo desteñido». Como puedes ver en la imagen de abajo, nuestra percepción del color no es tan simple como un espectro lineal, también involucra matices (valores de luz agregados) y sombras (valores oscuros agregados). Al añadirles tinte rojo, aligeramos el color, lo cambiamos hacia el extremo azul del espectro y lo dotamos de una calidad diferente. A esta calidad la llamamos «rosa».

Aquí es donde las cosas empiezan a sonar filosóficas: ¿definimos un color por lo que es en realidad o por lo que percibe nuestro cerebro? Cuando lo pensamos de esta última manera, todos los «colores» son simplemente abstracciones basadas en interpretaciones del cuerpo y la mente que no pueden existir fuera del sistema visual.

«El color no es realmente una propiedad de la luz o de los objetos que reflejan la luz, es una sensación que surge dentro del cerebro», explica el biólogo Timothy H. Goldsmith, en un artículo de la Scientific American en 2006.

 

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Fuente IFLScience
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