La cebolla y el ajo están naturalmente dotadas de gas lacrimógeno para defenderse

Las cebollas absorben los sulfuros, un compuesto de azufre, que se encuentran en el suelo. Cuando las cortamos, sus células se rompen y comienzan a liberar una enzima que reacciona con el propio azufre generando un oxido de azufre, reorganizado a su vez por otra enzima, esparciendo un nuevo producto químico conocido como sulfóxido de tiopropanal. En lenguas más coloquiales, el conocido gas lacrimógeno, famoso por su uso como medio de defensa contra los «depredadores» o para disolver zonas conflictivas por la policía.

Como algunos ya sabrán, este químico, al entrar en contacto con los ojos (más específicamente con las gandulas lacrimales) envía señales similares a las de dolor a las neuronas sensoriales del cerebro, dando la orden de limpiar el ojo con lágrimas. Este efecto alcanza su pico máximo de efecto a los 30 segundos del contacto y perdura una media de 5 minutos más.

Algo parecido ocurre con el ajo, pues mediante una reacción del azufre con la aliína, da origen a un químico similar, llamado alicina, aunque menos fuerte y con propiedades antibacteriales.

Fuente http://www.scientificamerican.com/articl...
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